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29 nov. 2008

Hablar a solas. Estamos locos o no?

Aunque puede tener relación con algún trastorno mental, la mayoría de las veces es una forma de expresar en voz alta lo que pensamos.

Quién no ha hablado alguna vez a solas en el metro, en el autobús o mientras daba un paseo. Este hábito inconsciente es tan frecuente que los psiquiatras aseguran que todas las personas lo hacemos en determinados contextos -para recordar un número de teléfono o enumerar las tareas que debemos realizar en el día- y descartan la necesidad de acudir al especialista por esta conducta si no hay otros síntomas de trastorno mental.

Comportamientos extraños, incoherentes o mecimiento del cuerpo, son algunas de las pistas para pensar que el soliloquio puede tener relación con otra patología. No obstante, lo habitual es que hablemos solos como una forma de pensar en voz alta, sin esperar respuesta, o como mecanismo de defensa para hacer frente a la soledad.

En los niños, es muy frecuente que creen amigos imaginarios cuando no tienen cerca compañeros de juego. ¿Por qué hablamos solos? “La gente habla sola porque tiene capacidad de lenguaje”. Así resume Julio Bobes, catedrático de psiquiatría de la universidad de Oviedo, la tendencia de las personas a hablar solos. Asegura que no debemos preocuparnos por contarnos cosas a nosotros mismos, “salvo porque socialmente no está bien visto”.

A su juicio, hablar es tan humano, que todo el mundo puede experimentar en algún momento de su vida contestar a discursos que tiene dentro de su aparato psíquico, e insiste en que sólo los prejuicios sociales y una “supuesta anomalía” en esta conducta hacen que una de las funciones propias del ser humano no esté completamente aceptada.“Cuando alguien habla a solas no siempre es porque tiene problemas o trastornos mentales, sino que todo el mundo en algún momento responde en voz alta a estímulos internos”, señala. cc: ideali Según este especialista, se considera completamente normal que las personas tengan soliloquios, ya que muchas veces se trata de contestaciones a discursos que creamos en nuestro interior.

“De repente, alguien habla, manifiesta una frase que, si no se conoce el contexto o al individuo, no se entiende, pero que no deja de ser un pensamiento en voz alta”, explica. De niños o adultos todos hablamos alguna vez a solas: podemos narrar una receta mientras la cocinamos, mostrar nuestro enfado o frustración cuando algo nos sale mal, recordar una cita que tenemos ese día o repetir varias veces un número de teléfono que queremos recordar.

“Este tipo de conductas se da muchas veces cuando la persona se queda sola y necesita comunicar, expresar, lo que le pasa por la cabeza en ese momento -apunta Bobes-. Pero el soliloquio no es una expresión de soledad, sino una conducta que se produce bajo determinados estímulos sociales”.

Por el contrario, puede darse el caso de que los soliloquios estén relacionados con alguna alteración en las áreas del cerebro encargadas del lenguaje (durante el curso de varias enfermedades) o que respondan a algún trastorno mental como la esquizofrenia, la psicosis o el trastorno bipolar.

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